Solución educativa al problema de las subvenciones a la educación

Por  Abraham Magendzo

http://mt.educarchile.cl/mt/amagendzo/archives/2008/03/post_1.html#more

La solución educativa al tema de las subvenciones educacionales – nótese que estamos en el ámbito de la educación-, entonces, no está en la búsqueda de culpables para penalizarlos, en incrementar las fiscalizaciones, en entregar incentivos a los honestos sino que, con mirada de futuro cercano, hacer de la educación una herramienta para la construcción del capital social que tanto requiere el país..

El tema de las subvenciones a la educación municipal como a las escuelas particulares subvencionas por el Estado es hoy de mucha controversia por las irregularidades denunciadas. Discusión, incitación, acusaciones y polémica. La pregunta que me formulo en mi calidad de ciudadano y de educador, no es dónde están los culpables, quiénes son, si son públicos o privados, sino con qué mirada cómo podemos asegurar que situaciones de este tipo no vuelvan a ocurrir.

Hay quienes, con una postura inquisidora ven que la solución es aumentar las penas a los que cometen ilícitos. Penas en dinero o bien ponerlos en la cárcel; cerrar los colegios o quitarles la subvención y la calidad de cooperadores de la acción educadora del estado. En esta posición subyace la postura del castigo, la sanción y el escarmiento.

Personalmente no creo en esta solución. Está probado hasta la saciedad -en está y otras situaciones- que el escarmiento no funciona, que de esta forma no se corrigen las conductas ilegítimas y que por sobre todo no se construye una ciudadanía éticamente responsable en la confianza y en la honestidad.

Esta no es a mi parecer la solución para los problemas que nos aquejan. Es una mirada muy mezquina y de corto alcance que puede motivar la búsqueda de otros caminos para cometer ilícitos. Creo que en educación el castigo no es educativo.

Otros dicen que el gobierno debe incrementar los controles y las fiscalizaciones. Quizás piensan que habría que poner un fiscalizador en cada escuela, que esté en la puerta de la escuela contando a diario el número de estudiantes que entran. Pero surge entonces la pregunta, un tanto ingenua: ¿quién fiscaliza al fiscalizador para que no quede tentado a caer en la corrupción, en la impulso de contar mas niños de los que entraron?. Entonces habría que colocar un segundo fiscalizador que vigile al primero.

En esta solución -que es la que dan precisamente los que sostienen que hay que achicar y empequeñecer al Estado- no sólo se estaría aumentando el número de funcionarios estatales, sino que se incrementaría el presupuesto del Estado. En mi opinión, a través de esta solución se estaría construyendo una sociedad en la vigilancia, el control, la inspección y la atención controladora de los unos a los otros; de absoluta desconfianza.

Orwell 1984: el Estado policial que todo lo controla, no hay espacio alguno para la intimidad, siempre estás siendo observado. Conocemos muy bien los resultados desastrosos y temibles de algunos sistemas totalitarios que funcionaban y dejaron de funcionar justamente por este motivo. Todavía los hay pero con mayores sutilezas tecnológicas. Como ciudadano democrático y educador no se me pasa por la mente una solución de esta naturaleza.

Sostienen otros que la solución esta en premiar, galardonar, recompensar a las escuelas, a los funcionarios e instituciones que reciben subvención y que no cometen fraudes. El ideal, en esta concepción, es que se publicite un ranking de honestidad de las escuelas. Las mejor rankeadas recibirían incentivos, alicientes, estímulos, reconocimientos, quizás dineros para que sigan siendo colegios honestos. Me pregunto si de esta forma no se estaría construyendo una sociedad que con el fin de ser decente hay que recibir un estímulo, ojalá monetario. ¿Qué tipo de sociedad es esta, en la que la honestidad, la corrección, la no corrupción, la decencia, el decoro debe ser gratificado, remunerado?. ¿Cómo se educa moralmente en una sociedad de este tipo?. “¡Me porto moral y adecuadamente siempre y cuando Ud. profesor me dé un aliciente en dinero!”, podría decir un estudiante.

Cuál es entonces la solución que ofrezco en mi posición de educador. La única solución educativa con mirada de futuro es contribuir desde la escuela a construir “capital social”, del que estamos tan carentes dicho sea de paso. Preocupados que mejore la calidad de la educación medida por las pruebas de escritura, lectura, pensamiento lógico- matemático, ciencia, tecnología, ahora último inglés -a lo que no me opongo- hemos descuidado nuestro compromiso ciudadano de contribuir a reforzar el capital social.

Educar para robustecer y fortificar el capital social del país, significa desarrollar desde edades muy tempranas competencias sociales y afectivas fundamentadas en la de confianza, el colaboración y la solidaridad. Se aprende a crear redes sociales como son los lazos de parentesco, las redes comunitarias informales, las organizaciones sociales, los grupos infantiles y juveniles, etc. El mantenimiento de estos vínculos de confianza permite obtener beneficios en forma de flujos de solidaridad, capacidad de defensa de intereses y derechos, obtención de información. Los estudiantes aprenden a crear grupos afectivos de amigos cercanos que comparten los mismos gustos, estilos de vida y valores. Se trata, en definitiva, de desarrollar en los estudiantes conocimientos, actitudes y valores como la confianza interpersonal, la asociatividad – fundadas en enlaces de afinidad y compañerismo y en sentimientos de respeto mutuo y solidaridad, de reciprocidad y cooperación.

La capacidad de ponerse en el lugar del otro es un asunto esencialmente ético y no sólo una pura bendición. El capital social que conlleva la habilidad de cooperar con otros está ligada en alto grado con el capital humano. El capital social es esencialmente un proceso cultural. La confianza se funda más bien en hábitos que en un cálculo racional de las consecuencias de las propias acciones. Llegar a ser una persona confiable y recta requiere habituarse a las normas morales de la propia comunidad. Presupone que uno crea en la racionalidad de la tradición en la cual uno esta inserto, que uno acepta seguir las reglas de conducta normadas por la tradición. En esencia es un acto de fe que requiere que uno adquiera ciertas cualidades y valores sociales como la lealtad, la honestidad, la constancia y la confianza entre nosotros. es una capacidad que se puede mejorar con la práctica y corrigiendo los propios errores.

La solución educativa al tema de las subvenciones educacionales – nótese que estamos en el ámbito de la educación-, entonces, no está en la búsqueda de culpables para penalizarlos, en incrementar las fiscalizaciones, en entregar incentivos a los honestos sino que, con mirada de futuro cercano, hacer de la educación una herramienta para la construcción del capital social que tanto requiere el país..

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