Energías Renovables: La batalla que viene

de El Francotirador de Francotirador

Molinos de viento

Desde hace ya mucho tiempo tenía pendiente echarle un vistazo al tema de las energías limpias (o renovables). Me intrigan: ¿por qué se invierte tan poco en ellas si su combustible –el sol, el viento, las mareas o el calor de la tierra– es gratuito, inagotable y casi no tienen impacto sobre el medio ambiente?

¿En realidad son tan caras, ineficientes y poco confiables como se dice… o hay algo más tras tanto recelo?La oportunidad de revelar al menos en parte este misterio me llegó ayer por sorpresa, cuando tuve oportunidad de compartir algunos minutos con Julio Albarrán, gerente general de Ecopower, una de las pocas empresas en nuestro país que parece tomar en serio las energías renovables.

De hecho, Julio llegó a Concepción con una marraqueta bajo el brazo: la noticia de que ya comenzaron los estudios de factibilidad para instalar -en la región del Bio Bio- el parque eólico más grande de Chile, donde el viento generará 140 Mw de electricidad que podrían abastecer nada menos que a 700.000 familias.

Quizá este avance sea fruto de que Julio no parece ser el ecologista furibundo que pretende convertirnos a todos en lechugas. Este economista que pasó gran parte de su vida estudiando y ejerciendo en Europa, regresó a Chile para poner en práctica lo que había aprendido en el viejo continente sobre energías renovables, comenzando por el punto Nº1: que deben ser rentables.

Energa EólicaPero también por las diferencias culturales que le ha tocado experimentar, sabe que el mayor obstáculo para desarrollarlas no es el gran capital inicial que se debe invertir, ni tampoco las mediciones que pueden superar los 3 años de estudios, sino la mentalidad cortoplacista que domina al empresario y al ciudadano promedio de nuestro país.

Punto en el que -por cierto- debo declararme completamente de acuerdo.

Veámoslo así: la energía eólica requiere una implementación cuidadosa. El sitio donde se emplazan las turbinas o “molinos” debe tener un flujo de vientos estable durante la mayor parte del año (si hay demasiado también es malo), la distancia hasta el sistema eléctrico central debe ser razonable (o se irá todo el presupuesto en cables) y además no debe estar cerca de poblados por el ruido que genera (un zumbido penetrante similar a las torres de alta tensión).

Pero superados estos escollos, los beneficios son notables. Energía no contaminante, emplazada con un mínimo de impacto al medio ambiente (salvo el visual) y cuyo aporte permitirá jubilar la toxicidad de una central a petróleo, gas o carbón.

“El problema -explica Julio- es que la mentalidad chilena es muy cortoplacista. El empresario quiere invertir y obtener dividendos mañana, lo que no permite realizar proyectos a largo plazo”.

Claro. Un parque eólico recién amortiza su inversión en 4 ó 5 años… aunque será rentable por otros 15, con un mínimo de mantención y sin necesidad de pagar en combustibles.

Y puede que no sea tan eficiente como una central hidroeléctrica, pero no infringe el traumatismo ambiental que significa un muro de hormigón para inundar la ribera de un río, como pretende hacer Endesa en el santuario ecológico que es Aysén.

“Cuando haces un proyecto energético debes procurar que sea sustentable. No todo puede ser pensar en dinero, sino también en legar algo a nuestros hijos”, dice Julio, en una frase con la que claramente muchos de sus colegas no comulgan.

Central Hidroeléctrica

Sin embargo -y aquí viene lo más interesante- no es la inversión lo que más aleja a las grandes corporaciones de las energías renovables, sino que permiten a las comunidades independizarse de sus proveedores.

Verán. En Europa, la mayoría de los proyectos eólicos se hacen bajo el modelo de las cooperativas, donde son las mismas zonas abastecidas quienes los administran. Esto permitiría que -en teoría- un pueblo o ciudad pequeña de Chile se independice en términos energéticos, recurriendo al sistema interconectado central sólo como respaldo de emergencia.

Bajo este modelo, Puerto Williams contaría con sus propios generadores en vez de requerir subsidios… que seamos francos: no son para las personas, sino para las generadoras.

“Incluso existen equipos que, combinando un pequeño molino con una celda para captar luz solar, permiten a un hogar completo cubrir sus necesidades, con una batería que les provee autonomía por 1 semana en caso de clima desfavorable”, señala Julio.

¿Y quienes pierden en ese escenario?… bingo. La energía renovable ya no es tan atractiva, frente a la dependencia de la térmica, hidroeléctrica o nuclear.

Pero antes de pasar lista a las madres del directorio de Endesa, examinémonos nosotros mismos. La gente común sigue prefiriendo gastar en pilas desechables de $1000 en vez de invertir $5000 en un juego de pilas recargables, que el sentido común dicta serán a la larga más económicas y amigables con el medio ambiente.

Otra vez, cortoplacismo a la vena… más un poquito de ignorancia.

No. El medioambiente no será un factor a considerar mientras el Estado no lo ponga sobre la mesa, ya sea como regulación o como subsidio a las energías renovables (tal como sucede en otros países). Y la única forma de que eso suceda es que la ciudadanía se tome conciencia y lo exija a las autoridades usando la mejor arma disponible: el voto.

Será difícil. Puede que los molinos de viento del Quijote no se alejan tanto de la tarea que tenemos por delante.

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